El taller de construcción

El taller de construcción

Cuando llevas tiempo pensando, dibujando, diseñando, fabulando, discutiendo, esbozando, borrando, acordando, renunciando, escribiendo, no durmiendo, un nuevo proyecto, hay una fase muy peligrosa: la expectativa.

Ayer, hablando en plata, estábamos acojonados. Era el día en que, una parte importante de lo que habíamos imaginado desde hacía casi un año (la primera reunión del proyecto, en Friburg, ¡fue en diciembre de 2017!), se materializara. Y es que ayer hicimos la primera visita técnica al taller del escenógrafo.

La escenografía del espectáculo ha sido diseñada por Llorenç Corbella. Un dispositivo que ha creado después de asistir a uno de cada tres ensayos en agosto, de reuniones y más reuniones, y de poder materializar en un bonito objeto físico todo lo que teníamos desordanado en la cabeza Sigrun, Moni y yo. De hecho no es una escenografía: en el caso de “The Half” es un (¡o una!) intérprete más.

Cuando Llorenç nos entregó la maqueta de lo que podría ser la pieza, nos enamoramos (eso que sólo era un colador del revés). Basamos los ensayos de agosto imaginándonos el objeto, simulando cómo se movería y cómo reaccionaría, y marcando rudimentariamente en el suelo las dimensiones ideales. Después de agosto ya no podíamos renunciar a la idea, por lo tanto teníamos que buscar un constructor valiente que fuera capaz de materializarlo.

Presentación de la maqueta (ninguna marca de cerveza nos está patrocinando… aunque estamos abiertos…)

Llorenç enseguida lo tuvo claro: si había alguien en este país atrevido (y con garantías) de construir esta locura, este era Joan Jorba, del Taller Escenogràfic Jorba-Miró. Tras reunirse con él (¡y aceptar!) nos comentó que, por la estructura, sólo había un constructor en el país que pudiera hacerla: Barto del taller Pascualín.

Y a partir de ahí, tanto la Moni, como la Sigrun como yo dejamos en manos del Llorenç las conversaciones y evolución de la construcción. De vez en cuando recibíamos algún boceto, alguna fotografía ininteligible … Hasta ayer.

Durante el viaje de Barcelona a Gurb, mientras se pone el sol, te acercas a las montañas nevadas pirenaicas, y tienes que ir subiendo los grados de la calefacción de la furgoneta, íbamos hablando con Moni de la expectativa. Y le contaba: “lo que puede pasar hoy, es que o bien la pieza nos decepcione mucho, o bien que nos maraville. No habrá término medio. Y por mi experiencia con otras producciones, estoy preparado para que me decepcione mucho”.

Joan Jorba ya nos esperaba en el taller. Llorenç todavía no había llegado y no nos quería dejar pasar hasta que no hubiera llegado él (¿será algo gremial? ¿La primera vez que los productores ven la escenografía debe ser en presencia del escenógrafo?). Tiempo de pedir un té que Llorenç ya había llegado. Y nos guían, medio en penumbra, al final del taller.


L'estructura de The Half
Así nos daba la bienvenida

Y allí nos esperaba. Indudablemente era ella. Inclinada, como dándonos la bienvenida. Majestuosa, con la escalera que subía hasta el cielo. A su alrededor, el mismo Barto, y otras tres personas del equipo (además de Joan y Llorenç). Era la primera vez que la montaban, y la verdad es que todos estábamos fascinados.

El acojonamiento reapareció. Ya no por la expectativa no cumplida (nuestras expectativas quedaron superadas por mucho), sino de pensar el gran proyecto que teníamos entre las manos. Después me vino la faceta más productor-pragmático: como lo transportaremos, donde lo meteremos, como lo vamos a pagar, cuántos bolos haremos… Enseguida los ojos de Moni me hicieron volver a las nubes: ella ya se veía arriba la escalera, paseando por la plataforma del derecho, del revés, y explorando todas las posibilidades. Y a mí, el entusiasmo se me pega muy rápido.

Aún le quedan unos días para poder empezar a trabajar. Un punto de soldadura aquí, y una pequeña modificación allí. Y el martes ya nos lo llevamos a Juneda, destino de nuestra segunda residencia: nos esperan dos semanas para conocernos con la tercera intérprete. Para entender (nosotros a ella y ella a nosotros) como se mueve, cuál es su límite, y sobretodo cuál es nuestro. Dos semanas de caer, de moratones, de cansarnos. Pero sobre todo de ir avanzando, lentamente pero firme, en este nuevo proyecto que, día a día, va saliendo a la luz.

Al salir del taller, y apagando las luces, tuve la sensación que dejábamos la criatura en la incubadora.